viernes, 27 de abril de 2012

Un diciembre de 2010,

Un día de diciembre como otro cualquiera fui a visitar a mis abuelos con mi hermana y mi madre. Al llegar a su casa, como no, fui directa al salón para ver la tele, pero después fui al baño y cuando volví vi que estaba mi abuelo sentado en el sofá con cara de enfado. Le pregunte porque estaba así y me dijo que era porque yo le había tirado el mando al suelo. Yo me enfade muchísimo porque eso no era verdad, y le dije cosas muy feas. Entonces mi madre al ver como me portaba dijo que nos fuéramos, porque ya era bastante. Esque yo no lo había tirado y me daba rabia que pensaran lo contrario. Al día siguiente después de venir del colegio mi madre me llamo al móvil diciéndome que el abuelo esa mañana se encontraba muy mal y lo habían ingresado, que a la noche no vendría a casa porque se quedaría con el. Al principio dije ba, no sera nada, mi abuelo es muy fuerte. Pero después de unos días su estado iba empeorando. Mi madre no me quería decir lo que pasaba, pero al final cedió. Me dijo que una mañana mi abuelo quería subirse en la moto y se cayo al suelo, las piernas no le respondían, su sangre le estaba en taponando todas y cada una de las arterias y venas del cuerpo, y no sabían su iba a salir de aquella. Yo rezaba todos los días, para que dios o quien sea me diera la oportunidad de despedirme de mi abuelo, y de decirle que todo lo que le dije aquel día era mentira, que nunca en verdad sentí todo aquello que le dije. Pero no tuve esa oportunidad. Mi abuelo murió si, pero el con su muerte me enseño una valiosa lección, di a las personas todo lo que sientes sino quizás sea tarde. Solo me queda decir, Gracias abuelo.

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